Ex espía cubano: La película sobre la Red Avispa es una colección de mentiras

Edgerton Ivor Levy es el héroe olvidado en la historia del desmontaje de la mayor red de espionaje cubano en Estados Unidos por las últimas seis décadas.

Levy y su esposa Ivette Bermello, profesores de Historia de la Universidad de La Habana y entrenados como los agentes Ariel y Laura por la Dirección de Inteligencia (DI) de Cuba, fueron piezas clave para el desmantelamiento y arresto de los miembros de la Red Avispa en 1998. Desde su llegada a Estados Unidos, tras protagonizar un simulacro de salida ilegal con el apoyo de la base de Tropas Especiales de Jaimanitas, al oeste de La Habana, la pareja se puso en contacto con las autoridades del FBI para confesar su encomienda como agentes enviados por el gobierno cubano.

De manera que todo el despliegue, movimientos y contactos de los más de 20 agentes y oficiales de la red estuvieron monitoreados por el FBI desde la arrancada de sus acciones operativas en territorio estadounidense.Sin embargo, esa evidencia fundamental ha quedado sepultada hasta ahora por la historia contada sobre la Red Avispa y por la desaforada campaña internacional que desplegó el régimen cubano a favor de los llamados «Cinco Héroes Prisioneros del Imperio», la etiqueta con que la propaganda castrista reclamó la liberación de los espías condenados a largas sentencias a prisión en el 2001.

Veintiún años después, el rumbo de los acontecimientos no podía ser más desconcertante para Levy. Los cinco sentenciados en el caso están de vuelta en Cuba, condecorados y catapultados como patriotas. Tres de ellos fueron liberados sin cumplir sus condenas por la administración de Barack Obama como parte del proceso de normalización de relaciones con el régimen de Raúl Castro, el 17 de diciembre de 2014. Una acción que el ex agente no vacila en calificar de «un acto antiamericano».

Pero el más reciente aldabonazo de la distorsión propagandística lo ha marcado la película Wasp Networkdirigida por el laureado realizador francés Olivier Assayas y con estrellas como Penélope Cruz, Gael García, Edgar Ramírez y Ana de Armas en los papeles protagónicos. El filme, basado en el libro Los últimos soldados de la Guerra Fría (2012), del periodista brasileño Fernando Morais, se acaba de presentar con amplia resonancia publicitaria en los festivales de Venecia, Toronto y Nueva York, y pronto escalará a los circuitos comerciales internacionales.

«Una farsa, una escandalosa farsa con alfombra roja», dice Levy en entrevista exclusiva con CiberCuba.

El lanzamiento de Wasp Network y de otro filme en proceso en Canadá sobre la Red Avispa, con la anuencia del gobierno cubano, le ha motivado a concluir su libro Nadie me lo contó, un relato testimonial sobre la Red Avispa y el espionaje cubano en Estados Unidos que se publicará próximamente.

La película ha recibido fuertes críticas y hasta una protesta en la alfombra roja en su presentación en Nueva York.

¿Por qué cuestiona tan severamente el libro que inspira la película?

Es sencillamente ridículo. El libro de Morais fue hecho con el visto bueno de la Seguridad cubana, auspiciado y autorizado por el gobierno cubano. No lo digo yo, lo cuenta el autor al final del texto, donde agradece a varios colaboradores en Miami, por cierto, algunos de ellos insertados en los medios periodísticos locales. ¿Puede esperarse acaso alguna veracidad cuando se parte de las versiones manipuladas de los hechos? Lo curioso es que han entregado esas producciones cinematográficas a realizadores extranjeros, porque así las mentiras pueden cobrar alguna atención internacional en bocas ajenas, para que el mentiroso habitual que es Cuba no sea el emisor directo. Una burla. ¿Qué trabajo de investigación pudo hacer Morais con la información que Cuba le autorizó a usar?

¿Cuál es su principal cuestionamiento a la investigación de Morais?

Morais no hizo más que recolectar la información pertinente para complacer el relato oficial del gobierno cubano. Él dice haber tenido acceso a todo la documentación del caso, de la mano de sus ayudantes aquí en Miami. No se explica entonces la omisión de las evidencias del expediente de la fiscalía con mensajes entre los oficiales ilegales y la dirección de la DI, en las cuales queda al descubierto que las prioridades de la red eran obtener información del Comando Sur, penetrar bases militares en la Florida, identificar lugares vulnerables para introducir armamento en territorio de Estados Unidos, organizar sabotajes para prender fuego a hangares de avionetas y otras actividades nocivas a la seguridad nacional de Estados Unidos. El cuento de que la red vino a neutralizar a los exiliados cubanos es imposible de digerir cuando se leen esos documentos.

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