Influencers cubanos bajo ataque del régimen.

El régimen comunista de Cuba siempre había tenido el monopolio de la información en la isla.

La información que circulaba dentro del país. Y no solo dentro sino también de la información que salía de la isla hacia el exterior.

El periodismo independiente nació allá por los años de CubaPress y el poeta Raúl Rivero en 1995.

El movimiento entonces trabajaba desde la desventaja que nadie en la isla los leía y fuera el alcance era mínimo en emisoras como Radio Martí.

Con el exilio crecieron algunos grandes periodistas e intelectuales que dieron a conocer la verdad de Cuba.

Sin embargo no fue hasta los 2000, con la llegada de las redes sociales que la información alternativa cubana comenzará a expandirse masivamente en blogs y cuentas de twitter. Luego en páginas de páginas de Facebook.

A pesar del poder democrático de masivo impacto de las redes sociales, hubo quien sentía complejos de ser solo blogger, o twittero.

En parte por el acoso de la propia seguridad del estado y los estados de opinión que se generaron al respecto. En parte porque no había manera de estar remunerado profesionalmente en redes.

Así fue como los primeros grandes influencers cubanos en las redes sociales, en este caso twitter, dieron un salto “atrás” hacia el periodismo tradicional en busca de legitimidad y sustento económico.

A raíz de la revolución venezolana en twitter en 2014, los cubanos comenzamos a masificar nuestro uso de las redes sociales como arma contra la dictadura.

Sabiendo que la información era el arma más poderosa que podíamos tener, fuimos avanzando en este terreno hasta ganarle la batalla ampliamente al régimen cubano.

Lo nunca antes visto y mucho menos pensado, sucedió: Le quitamos la hegemonía y monopolio de la información a la dictadura más longeva del hemisferio.

En fase agónica y tratando de mutar de los Castro a sus descendientes y en una fase de expansión simultánea en America Latina e incluso España, el régimen cubano se vio que había perdido su arma más poderosa.

Un arma que había infiltrado en el movimiento de periodismo interno que reportaba hacia afuera. Y que había intentado desacreditar con espías confesos o encarcelando a una decena de periodistas en la Primavera negra de 2003.

A partir de entonces se daría a la tarea de querer controlar al máximo al periodismo independiente. Llegando a crear incluso agencias enteras dentro de la isla que responden a sus intereses.

Con algunos pactó prebendas o arreglos de no agresión. Consiguió grants o salarios a través de sus agentes de influencia en Estados Unidos o Europa.

A los más rebeldes los persiguió y amenazó a su familia o los metió presos.

Llegado un momento tenía medio sector en el bolsillo y bajo control. El otro medio bajo estricto acoso.

Entonces, de pronto, cuando pensó que había ganado otra vez el monopolio de la información alternativa también, se vio rodeado y vencido por un ejército de amateurs.

Gente sin graduación universitaria en comunicación, pero muy versátil y muy emocional: Influencers.

Desde algunos con un radio de influencia pequeño, de apenas unos cientos de amigos o seguidores, pero que se convertían en réplica como si de un sismo se tratara.

Hasta otros con cientos de miles de oyentes y fieles admiradores dispuestos a seguir sus llamados por la libertad y la justicia en Cuba. Altamente efectivos en cualquier caso.

Lo mejor para nosotros y lo peor para ellos es que somos gente que no tenemos una profesión definida. Lo mismo cantamos que hacemos un performance. Y tampoco tenemos los límites de los esquemas de la profesión periodística.

Lanzamos la noticia y nuestra opinión. Y si nos equivocamos pedimos perdón y seguimos. Sucede las menos veces, todo hay que decirlo. Y hasta los grandes medios o periodistas cometen sus pifias.

Pero No tenemos jefe ni censores. Nadie nos puede controlar. Somos gente pasional que trabajamos desde el corazón. Eso los ha dejado KO.

Y al periodismo independiente también. Los periodistas independientes verdaderos se alegran por patriotas.

Pero a los que han pactado les llegó la hora de pagar sus privilegios de contrato: arremeter contra los influencers, en especial contra la cabeza más visible y famosa de todas.

El más grande, el celebrity, el híbrido gay gladiador macho, locutor, actor, humorista y patriota: Alexander Otaola. Un showman que ha dejado a todos con la boca abierta. Y que en muchos casos ha venido a servir la justicia que tanto pedíamos los cubanos.

En su desesperación el régimen incluso ha enviado a los periodistas “independientes” a cargar contra líderes de la oposición. Contra las iniciativas que más les afectan también, los prohibidos, los girasoles, el parón, la caravana, la ayuda…

Pero los influencers llegaron y arrasaron. Sin pedir permiso, sin pacto ni titulación. Sin evaluación artística, sin aval, sin limitaciones, pero con principios y pasión por la libertad.

Con Amor por Cuba.

A todos, gracias.

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